Planificación local y diseño participativo en Chipilo, Puebla, México

Melissa Schumacher-González
Universidad de las Américas Puebla, México

Planificación local y diseño participativo en Chipilo, Puebla, México

Revista Legado de Arquitectura y Diseño, núm. 23, 2018

Universidad Autónoma del Estado de México

Recepción: 01 Septiembre 2017

Aprobación: 11 Diciembre 2017

Resumen: Chipilo, un enclave agropecuario y manufacturero que se localiza en la periferia de la zona metropolitana de Puebla-Tlaxcala, se caracteriza por una identidad propia y un bienestar social basado en la fusión de la cultura véneta italiana y mexicana. El objetivo del presente trabajo es tomar a Chipilo como caso de estudio ejemplar, donde estudiantes de Arquitectura de la Universidad de las Américas Puebla, analizan cómo la población construye y transforma su entorno. El principal interés es que los estudiantes participen en el proceso de diseño y comprendan la importancia de su rol en la elaboración de proyectos de mejoramiento de espacio público y equipamiento en conjunto con la comunidad. Se selecciona el enfoque del diseño participativo como método de planificación local a través de la organización de diversas actividades en campo y un taller comunitario. Durante la realización del taller, se contó con la presencia de diversos miembros de la sociedad de Chipilo, donde se discutió, mapeó y dibujó la evolución del pueblo, el origen de los problemas, el estado actual de sus espacios públicos y las tácticas y responsabilidades necesarias para actuar. Como resultado, se obtuvieron estrategias de gestión y diseño a través de un modelo de planificación local. Para el modelo, se planteó el concepto de memoria compartida de la comunidad como fuente de concientización, educación, generación de identidad y eje rector del diseño participativo como un concepto de relevancia en la formación del arquitecto.

Palabras clave: Chipilo, diseño participativo, planificación comunitaria.

Abstract: Chipilo is an important rural and manufacture town located in the periurban fringe of the metropolitan area of Puebla-Tlaxcala. The place is characterized by its own identity and social welfare based on the fusion of the Veneto-Italian and Mexican culture. The objective of this work is to study Chipilo as an exemplary case where architecture students from Universidad de las Americas Puebla analyzed how people transforms its environment. The main interest was that students participate actively in the design process and understand the importance of their role as designers in the elaboration of urban projects within the community. A participatory approach was selected as a method for local planning through field research and a community workshop. During the workshop, several members of Chipilo society participated and discussed about the evolution of the town, the origin of current problems, the quality of public spaces and the needed responsibilities. As a result, generalizable management strategies were obtained through a local planning model. For this model, a sharedmemory concept from Chipilo ´s community was established as a source of awareness, education, identity, and the guiding principle of participatory design as a relevant concept for architectural training.

Keywords: Chipilo, participatory design, community planning.

No spetar che gnéne al maná dal zielo.

No esperes a que caiga el maná del cielo.

Refrán chipileño

INTRODUCCIÓN

Las tendencias urbanizadoras e inmobiliarias globales han representado una colisión contra lo rural y urbano, donde el proyecto arquitectónico ha perdido descontextualización y contacto con las comunidades locales. Por ello, es de interés para este trabajo estudiar cómo se involucran los estudiantes de arquitectura en el proceso de diseño participativo de proyectos urbanos con un fuerte componente socioespacial. El objetivo es analizar –a través del pueblo de Chipilo– cómo la comunidad comprende su entorno y qué actividades del diseño y planificación comunitaria pueden implementarse en la formación de futuros arquitectos. Por ello, se establece un modelo de planificación local, donde los estudiantes participen no sólo como observadores, sino como parte de un grupo de actores externos que se involucran como facilitadores y diseñadores dentro de una comunidad.

Para su demostración, el trabajo se estructura en cuatro partes. La primera, corresponde al marco teórico donde se desarrolla un acercamiento a la planificación comunitaria; posteriormente se describe la metodología empleada y la descripción de la comunidad de Chipilo, Puebla como caso de estudio. La tercera parte se refiere a los resultados encontrados y por último se describen las lecciones aprendidas a través de un modelo de gestión y planificación. La investigación de campo y el taller se realizaron durante el periodo de otoño 2016 como parte de un proyecto de vinculación social con estudiantes de Arquitectura de la Universidad de las Américas Puebla.

Es importante mencionar que la cooperación social tiene amplios matices, no del todo certero, eficaz o generalizable. Este trabajo considera a la participación comunitaria –en ciertos ámbitos de la sociedad– como un importante elemento generador de estrategias de planificación y gestión que integra diferentes niveles y escalas socio-espaciales.

Por lo tanto, también fue importante cuestionarse cómo los ejercicios participativos pueden ayudar en la formación del arquitecto, no sólo por la interacción con los usuarios, sino como un método de análisis del sitio y la vocación de la población para la elaboración de proyectos urbanoarquitectónicos congruentes con su entorno.

MARCO TEÓRICO

El diseño y modificación de espacios por parte de la sociedad no es un tema nuevo, si se toma en cuenta que muchas zonas urbanas y viviendas dentro de “las ciudades en América Latina son diseñadas por procesos de autogestión sin la participación de profesionales” (Ener, 2012: 203). Dichos procesos tienen como origen la participación social o comunitaria, originada como respuesta a un proceso de “oposición a la planificación urbana centralizada” (Guzman, 2016), donde diferentes grupos de la sociedad han tenido interés en ser partícipes en el diseño del espacio urbano y la planificación, monitoreo y seguimiento de políticas públicas (Atanacio Medellín et al., 2014). Es decir, en un proceso participativo la sociedad asume una “conciencia colectiva de toda la comunidad sobre factores que frenan el crecimiento, por medio de la reflexión crítica y la promoción de formas asociativas y organizativas que facilita el bien común” (Ibáñez Martí, 2008).

La organización socio-espacial necesita en todo momento una visión multidimensional que contemple diversos actores, técnicas, experiencias y conocimientos, apoyados en herramientas como la planificación participativa, descrita por Horelli (2012) como un método donde las personas no sólo son parte del proceso, sino que son capaces de diseñar y producir en conjunto su propio ambiente a diferentes escalas y con diversas actividades diarias. Hernández-Araque (2016: 14) comparte la visión de Horelli sobre la participación como una metodología que:

Busca generar en el ciudadano una apropiación sobre el espacio urbano… donde se persigue mostrar y comprender cómo la sociedad y sus diversas formas de organización intervienen en los procesos urbanos, y cómo el espacio urbano, a través de pequeñas acciones, va construyendo ciudades.

Por ese motivo, la apropiación del entorno se puede considerar como potencial que destaque la vocación colectiva del lugar y el rol que ejercen los actores sociales en el proceso de diseño (Regenesis et al., 2016). Dicho potencial puede generar iniciativas comunitarias a través de la construcción de capacidades de negociación y creación de alianzas en conjunto con modelos participativos, que visualicen futuros escenarios de desarrollo (Marcos L. et al., 2013).

Conjuntamente, Ibáñez Martí puntualiza que, en el desarrollo de un modelo participativo se deben de considerar no sólo las decisiones técnicas desde la práctica de la arquitectura, “sino que implica además decisiones económicas, productivas, sociales, culturales, ambientales, etc.” (2008: 206). Por lo tanto, es fundamental que el estudiante desarrolle habilidades de observación y conozca las diferentes aplicaciones participativas, donde “el usuario es un componente esencial para incorporar conocimientos únicos que se han generado a partir de su particular comprensión y apropiación del territorio en el tiempo” (2008: 207). En otras palabras, cuando hablamos del proceso de diseño y participación nos “invita a vernos como hacedores de ciudad” (Guzmán, 2016).

El enfoque que plantea Hernández-Arenque es que este trabajo selecciona para explicar los procesos de planificación y participación que posee un caso de estudio como la comunidad de Chipilo. Igualmente, se tomó como base la tesis de Ibáñez Martí del diseño participativo, quien lo refiere primero como una acción que define “colectivamente propuestas integrales de proyectos para el desarrollo de la vida y, a partir de ellas, los espacios físicos que permitirán su desarrollo” y como un proceso “enriquecido por diversos saberes (técnicos y populares), y basado en el derecho de todo individuo o comunidad a decidir sobre cómo quiere vivir, expresarse espacialmente y contar con asistencia técnica” (2008: 207).

A pesar de la acción social, cabe aclarar que un método participativo puede o no funcionar según las características del sitio de estudio, pero sin duda complementa al proyecto urbano-arquitectónico que considera la “construcción de un entorno urbano confortable, con valor estético y donde la naturaleza esté presente” (Petzold R., 2017: 26).

METODOLOGÍA

La integración de herramientas y técnicas empleadas para la planificación comunitaria y diseño participativo permitirán a los estudiantes seguir la famosa premisa del proceso de diseño de Jan Gehl: “first life, then spaces, then buildings – the other way around never works”. Partiendo de dicho pensamiento, este trabajo se realizó con base en una visión fenomenológica, debido a la naturaleza subjetiva del caso de estudio que busca definir la realidad basado en una perspectiva de población (Gray, 2009).

Por ese motivo, se eligió un caso de estudio como Chipilo que posee unas particularidades socio-espaciales notables en su entorno como: identidad por el sincretismo entre dos culturas, la mexicana y la véneta (norte de Italia); territorio por la conservación de un entorno rural amenazado por la urbanización y su población por el sentido histórico de comunidad, fuertemente arraigado a la vocación agrícola.

Chipilo como caso de estudio

El pueblo de Chipilo es delimitado administrativamente como una junta auxiliar (distrito) del municipio de San Gregorio Atzompa, está conurbado físicamente con la Zona Metropolitana Puebla-Tlaxcala y se localiza a menos de 15 km de la ciudad de Puebla. La comunidad es hoy en día un enclave agropecuario, gastronómico y manufacturero con fuertes raíces de identidad basadas en una “doble alianza” entre lo mexicano y lo véneto (MacKey, 1999). Los orígenes de Chipilo como colonia agrícola se remontan al siglo xix, cuando en 1875 el gobierno mexicano promovió y otorgó tierra a familias inmigrantes del norte de Italia, principalmente de la región Véneta.[1] Los primeros grupos de colonos se establecieron en 1882 en los terrenos de las Haciendas de San Diego Chipiloc y San Antonio Tenamaxtla del distrito de Cholula. Al nuevo asentamiento se le dio el nombre oficial de Colonia Manuel Fernández Leal con una superficie original de 1069 hectáreas, pero consolidándose finalmente con 700 hectáreas (Zago B., 1999). Esta colonia sería la que perduraría a través del tiempo con el nombre de Chipilo de Francisco Javier Mina y posteriormente como Chipilo a secas.

Cabe recordar que, los primeros migrantes vénetos no se encontraron precisamente con la tierra prometida en el valle poblano, sino todo lo contrario, por lo que tuvieron que enfrentar duras condiciones laborales y agrícolas para transformar la tierra improductiva (Savarino, 2006). Como señala Zago B., la perseverancia y empuje de los colonos se debió en parte a la histórica cultura del trabajo marcada a través de la solidaridad comunitaria. Por un lado, este acto los empujaba a aprovechar la sabiduría experiencial para el bien de todos, que ya destacaba por encima de otros poblados de la región Véneta. Sin lugar a duda, lo que describe el autor, define en todos los aspectos a la sociedad de Chipilo y su enraizada cultura del trabajo (Reyes Kipp, 2005).

Por otro lado, el desconocimiento de la lengua náhuatl hablada en los pueblos vecinos les limitó en parte la comunicación con la población nativa. Dicho aislamiento lingüístico y espacial conservó no sólo el dialecto véneto traído del norte de Italia, sino también sus costumbres culturales y actividades agropecuarias.

Como consecuencia de la interacción con otros grupos, Montagner (2003) señala que las siguientes generaciones aprendieron español sin abandonar el véneto y utilizaron el idioma español como lengua franca en la región. En Chipilo, la homogeneización y el bilingüismo de su sociedad permitió que el núcleo cultural no se rompiera como en otros intentos de colonias de migrantes italianos en México (MacKey, 1999).

Taller de planificación comunitaria

Chipilo es un caso ejemplar de estudio no sólo por sus cualidades bioculturales, también es un sitio idóneo para trabajar e implementar ejercicios de participación social, que, para este trabajo fueron fundamentales para que estudiantes de arquitectura asumieran activamente su rol como actores en el proceso de diseño. Esta actividad comunitaria permitió que se generara mayor reflexión en cómo los participantes interpretan sus experiencias (Merriam, 2009). Además, Corbin & Strauss (2008) señalan que este tipo de método permite descubrir los diferentes significados sociales “desde dentro” de la cultura local.

Para desarrollar el aprendizaje comunitario, se estableció un método participativo de planificación. Primero se realizó el análisis de sitio hecho por grupos de estudiantes, después se colectó información estadística y geográfica cuantitativa para la organización del ejercicio académico y un taller. Dentro de los datos copilados, la información proporcionada por la presidencia auxiliar de Chipilo fue de vital importancia, ya que la autoridad local cuenta con los levantamientos de infraestructura, uso de suelo y datos de población actualizados que difieren con los datos que posee el Instituto Nacional de Estadística Geografía e Informática (INEGI). Los estudiantes generaron después entrevistas abiertas a diversos actores sociales como vecinos, autoridades y comerciantes (tabla 1).

Tabla 1
Participantes en entrevistas y taller comunitario en Chipilo.
Participantes
en entrevistas y taller comunitario en Chipilo.
Fuente: elaboración propia.

Una vez obtenida la información del sitio y las entrevistas previas, se organizó un taller comunitario,[2] donde se congregaron cuatro grupos de actores: estudiantes, gobierno local, vecinos oriundos y vecinos afincados de Chipilo. Como se mencionó en la introducción, era importante incluir a los estudiantes como actores involucrados en el proceso de diseño. Por ello fue importante incluirlos en las mesas de trabajo junto con las autoridades locales y los dos grupos de vecinos que fueron representados por comerciantes, ganaderos, estudiantes y amas de casa. Como se puede apreciar en la tabla 1, no se contó con la presencia de más jóvenes oriundos en el grupo. Con base en este último punto, los estudiantes obtuvieron más información de las personas mayores en relación con la problemática y acciones históricas de Chipilo en desarrollo comunitario.

El taller fue guiado por el Dr. Nicolás López Tamayo y la Dra. Melissa Schumacher, apoyado también por los estudiantes de Arquitectura que tuvieron la oportunidad de dialogar con dos mesas de trabajo sobre historia, virtudes y problemas de su comunidad. Para la organización del taller se abordó la discusión de virtudes, necesidades y problemáticas a través de dinámicas grupales definidas por la metodología del Dr. López Tamayo (tabla 2). Aproximación a la teoría para una intervención del espacio público.

Tabla 2
Organización del taller comunitario en Chipilo.
Organización del taller comunitario en
Chipilo.

Primero se trabajó con una línea del tiempo y visión gráfica de la comunidad a través de un mapeo del pueblo y de la historia, basado en la memoria colectiva y familiar. Después las mesas de trabajo dibujaron un árbol de problemas para definir los problemas de la comunidad, qué los causa y cuáles son sus efectos. En los dos primeros gráficos, los estudiantes participaron en la discusión y diagramación de necesidades de espacio público y de equipamiento en la comunidad. Posteriormente se trabajó con las expectativas junto con un análisis de necesidades, búsqueda del bien común, alternativas y responsabilidades. Por último, se realizó un plan de acción donde se definieron acciones a corto, mediano y largo plazo, además de la atribución de responsabilidades y los medios existentes para lograrlo. Como complemento, se establecieron las posibles estrategias y visión a futuro de la comunidad a través de “idei par Chipilo”, esto es, la búsqueda de ideas comunes y objetivos para Chipilo. Uno de los grandes aportes del taller fue el mapeo histórico de la comunidad (figura 1), donde los participantes de diferentes edades, pudieron establecer hechos importantes en el desarrollo comunitario y unión vecinal a lo largo de la historia de Chipilo. Los resultados obtenidos en el taller sirvieron como base para establecer las visiones de la comunidad en un proyecto urbano- arquitectónico por parte de los estudiantes para mejoramiento de su equipamiento urbano y espacio público existente.

Síntesis
de la línea de tiempo y árbol de problemas según los grupos de trabajo.
Figura 1
Síntesis de la línea de tiempo y árbol de problemas según los grupos de trabajo.
Fuente: Elaborado por Regina Baranda.

RESULTADOS Y DISCUSIÓN: MODELO DE PLANIFICACIÓN COMUNITARIA

Como se ha establecido a lo largo de este trabajo, la participación social y solidaridad colectiva en Chipilo están ligadas a los orígenes agrícolas del lejano norte de Italia y a la transformación de las duras condiciones del campo mexicano en el siglo xix. Hoy en día Chipilo enfrenta diversos retos como: la inminente urbanización dentro del área metropolitana de Puebla, la pérdida del territorio agrícola y acceso al agua, la transformación de las dinámicas socioeconómicas y un creciente desinterés de nuevas generaciones por el bien común. Sin embargo, a pesar de los retos mencionados se pudo atestiguar que las raíces agrarias de Chipilo han forjado diversas generaciones bajo la cultura del trabajo y la colectividad como un sentimiento local compartido con muchas comunidades rurales en el mundo. Para demostrar lo anterior fueron herramientas esenciales de trabajo la investigación de campo, la información geo-estadística, la lectura de documentos locales, las entrevistas abiertas y los resultados del taller.

Con los resultados obtenidos, se establecieron dos escalas de planificación para el desarrollo de estrategias en proyectos regenerativos locales: la autoridad local y las unidades socio-espaciales. Las segundas, son entendidas como grupos de la sociedad que comparten un espacio, un interés o una necesidad (Schumacher, 2015) y abarcan desde una colonia, calle, manzana, barrio o fraccionamiento a una congregación religiosa o club juvenil. Para el caso de Chipilo, las unidades socio-espaciales pueden delimitarse en grupos con relaciones de parentesco, agrupación de vecinos por calle, estudiantes y organizaciones sociales (clubes de moto, organizaciones ganaderas, deportivas, comerciantes, etc.). En la tabla 3 se representan las unidades socio-espaciales con las estrategias aprendidas a través de los actores sociales participantes.

Tabla 3
Escalas de planificación y estrategias participativas.
Escalas de planificación y estrategias
participativas.
Fuente: elaboración propia.

Tabla 3 (cont.)
Escalas de planificación y estrategias participativas.
Escalas de planificación y estrategias
participativas.
Fuente: elaboración propia.

Para complementar la integración de actores y acciones de la tabla 3, existen diversos indicadores medibles que son importantes para las estrategias de planificación comunitaria, como la información geográfica y estadística de INEGI y las guías de CONAPO para elaboración de planes. Por último, los instrumentos de planificación que son útiles para la autogestión son: los talleres comunitarios, la regulación local, los programas municipales, la ley orgánica municipal, el catastro y la recaudación local sobre predial.

Retomando la planificación cíclica, el taller comunitario y las estrategias aprendidas en Chipilo, se propone que el proceso de planificación entre la autoridad local y las unidades socio-espaciales debe de ser iterativo, colectivo y multidimensional. Este proceso se resume en un modelo de planificación comunitaria, constituido en la figura 2.

Modelo
de planificación comunitaria para Chipilo.
Figura 2
Modelo de planificación comunitaria para Chipilo.
Fuente: elaboración propia.

En el modelo sugerido, se trata de figurar un “orden” en los ejercicios de participación social encontrados en Chipilo, que sirvan como base para la elaboración de proyectos locales que funcionen como guía para estudiantes de arquitectura y carreras afines.

Primero se inicia con la memoria compartida, que incluye el análisis de evolución de la comunidad, proyectos pendientes y reconocimiento, seguido de una planificación prioritaria que corresponde a la propuesta y elaboración de proyectos por parte de actores o unidades socioespaciales. La casa abierta es el núcleo del diálogo, intermediación, consenso e implementación por parte de la autoridad. En la unidad socioespacial inicia la gestión a través de la atribución de responsabilidades, vigilancia colectiva, monitoreo y del proyecto por parte de unidades socioespaciales. Por último, el modelo re-utiliza la memoria compartida como instrumento de evaluación y retroalimentación del proyecto.

¿Por qué hacer hincapié en la memoria compartida? En casos de estudio similares a Chipilo, una población con una colectividad histórica permite recordar la evolución e implementación de proyectos o acciones locales. En este caso, la memoria compartida no sólo sirve para recordar, sino para evaluar, retroalimentar, analizar y retomar el proceso.

Cabe señalar que, en la planificación prioritaria –y no sólo para el caso de estudio– el conocimiento local es básico a través de la identificación de los bienes de la comunidad y sus relaciones estratégicas entre actores sociales y sus unidades socio-espaciales. La identificación de dichas relaciones a través de la sabiduría local es el preámbulo para definir el lugar que ocupó el taller comunitario en el modelo Chipilo. En nuestro modelo de gestión local y planificación comunitaria, la organización del taller fue el medio de intercambio y validación de conocimiento entre estudiantes, comunidad y autoridad.

Los estudiantes de arquitectura participaron como actores externos en los procesos de memoria compartida, planificación prioritaria y casa abierta. Sobre todo, la vinculación de estudiantes, gobierno local y comunidad significó el diagnóstico puntal de las necesidades de población y las estrategias de intervención. Que, para el caso de los estudiantes, les permitió la elaboración de proyectos de equipamiento urbano que fueron posteriormente presentados en diciembre de 2016 y a la presidencia auxiliar y vecinos.

Como caso particular, a través de la memoria compartida los estudiantes identificaron áreas históricas que requerían mejoramiento de espacio público como el Monte Grappa y el cementerio. La experiencia de los futuros arquitectos con la casa abierta destacó el análisis de sus funciones para la remodelación de las instalaciones de la presidencia y la plaza de la Casa d´Italia. Por último, la planificación prioritaria permitió que los estudiantes establecieras las prioridades en la mejora del polideportivo, como su área de gradas y canchas, o el portal gastronómico de la calle 16 de septiembre.

A manera de resumen, el modelo presentado a través de la experiencia con el taller comunitario, puede mostrar variaciones en tiempo y ordenación, pero bien puede ser reflejo de la conformación y organización de una sociedad rural que enfrenta la peri-urbanización. Lo más importante que cabe resaltar es que un modelo como el de Chipilo no funciona si no existe la activación y movilización de su gente, de ahí viene la importancia de la memoria compartida como fuente de concientización, educación y generación de identidad como eje rector del diseño participativo.

CONCLUSIONES

¿Qué lecciones de participación y planificación comunitaria nos deja Chipilo? Primero, a escala global se necesita una integración multidimensional de la planificación para la implementación, monitoreo y gestión de proyectos locales a través del involucramiento de los diversos actores sociales que componen el territorio. Segundo, a escala local, una comunidad que encuentra, transforma y forja su identidad, tiene mayores razones para preservarla y fomentar un desarrollo congruente de su sociedad o de sus recursos, por limitados que sean. Esto sin duda ha logrado Chipilo a través de la práctica histórica de la solidaridad colectiva, concepto que pueblos del mundo deben de compartir, pregonar y fomentar. Por ello, Chipilo se tomó como caso de estudio al ser un sitio icónico de profundas raíces agrícolas importadas del norte Italia y forjadas en el corazón de México.

Como actividad, se organizó un taller de planificación local donde se involucraron diferentes actores sociales como estudiantes de arquitectura, vecinos y autoridad local. El objetivo de dicho taller fue definir necesidades, problemáticas y estrategias de mejoramiento comunitario.

Con base en el resultado del taller y de las lecciones comunitarias aprendidas en Chipilo, esta investigación estableció estrategias locales de planificación basadas en la experiencia del caso de estudio donde los estudiantes desarrollaron proyectos de mejoramiento del equipamiento urbano local.

Lo anterior resultó en el planteamiento del modelo Chipilo de gestión local y planificación comunitaria. Este modelo se propone como una guía para la elaboración de proyectos locales por parte de estudiantes de arquitectura, principalmente cuando el objetivo es analizar necesidades, potenciales y problemáticas locales. Aquí la memoria compartida del modelo se considera el inicio de la activación socio-espacial y un concepto de relevancia en la formación del arquitecto.

Agradecimientos

Trabajo académico realizado con el apoyo de los estudiantes de Arquitectura de la Universidad de las Américas Puebla que participaron en la experiencia comunitaria con Chipilo: Ruben Maury Pérez, Lizbeth Díaz Hernández, Ana Lilia Sánchez Taboada, Jorge Jiménez Alanis, Daniela Arriaga Ruiz, Andrea Barrios Nájera, Sarai Monroy Tobías, Danahe Ziehl Torres, Abril Gutiérrez Villareal, Janette Ramírez Rangel, Fernanda Ordoñez Amador, Homero Zambrano Santiago, Regina Baranda Mier, Tania Pérez Peña, José Kanan Sainz de la Rosa, José Antonio Victoria Martínez, Alejandro Toxqui Flores, Valeria Cedillos Alvarado y Adrián Cuautle Huitle.

Agradecimiento especial a Pedro Martini Mazzocco, presidente auxiliar de Chipilo, quien nos ofreció todas las facilidades para realizar el taller comunitario y el acceso a los documentos del archivo de la presidencia; también se agradece infinitamente a Zuri Merlo, Verónica Zago Précoma y Octavio Spíndola Zago, quienes nos abrieron las puertas de su comunidad y apoyaron con la investigación y el conocimiento invaluable de sus raíces.

Referencias

Atanacio Medellín, I. U., Sánchez Díaz de Rivera, J. y Hernández Sánchez, A. (2014), Programas e iniciativas urbano sociales. Estrategias participativas para construir ciudades, Universidad Iberoamericana, Puebla, México.

Corbin, J. y Strauss, A. (2008), Basics of Qualitative Research: techniques and procedures for developing grounded theory, 3ra ed., SAGE LTD, Thousand Oaks, California, Estados Unidos.

Ener, M. (2012), “Diseño participativo: estrategia efectiva para el mejoramiento ambiental y economía social en viviendas de baja renta”. Cuadernos de vivienda y urbanismo, julio-diciembre, 5(10), pp. 198-233.

Gray, David E. (2009), Doing Research in the Real World, 3ra ed., University of Greenwich, Greenwich, Inglaterra.

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Hernández-Areque, M.J. (2016), “Urbanismo participativo. Construcción social del espacio urbano”, Revista de Arquitectura, 18 (I), pp. 6-17. Doi: 10.14718/RevArq.2016.18.2

Horelli, L. (2012), “Participatory E-Planning Meets the Glocal”, L. Horelli (ed.). New Approaches to Urban Planning Insight from Participatory Communities, Aalto University, Helsinki, Finlandia.

Ibáñez Martí, C. (2008), Participación comunitaria y diagnóstico de necesidades. [En línea] http://www.madrimasd.org/blogs/salud_publica/2008/11/17/107090, consultado el 11 de agosto de 2017.

Mackey, C. J. (1999), “Dos casos de mantenimiento lingüístico en México: el Totonáco y el Véneto”, en A. Herzfeld y Y. Lastra (edits.), Las causas sociales de la desaparición y del mantenimiento de las lenguas en las Naciones de América, Universidad de Sonora, Hermosillo, México, pp. 77-98.

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Schumacher M. (2015), Peri-urban development in Cholula, Mexico: towards a socio-spatial development model. Lehrstuhl für Bodenordnung und Landentwicklung, Technische Universität München, Munich, Alemania.

Notas

[1] Los colonos de Chipilo no recibieron derechos de propiedad comunal sobre la tierra pactada, sino un costo de venta por parte del gobierno mexicano. Las familias contrajeron una deuda por el pago de las parcelas adquiridas, herramientas y otros préstamos. En promedio, se ofrecieron hasta seis hectáreas por familia y en cuanto pudieron pagar la deuda, las familias buscaron comprar más tierra fuera de la colonia (Zago B., 1999).
[2] El taller comunitario se realizó el domingo 30 de octubre de 2016 en las instalaciones de la Casa d´Italia. La convocatoria se hizo a través de carteles colocados en comercios y fue voceado durante las misas del fin de semana en la Parroquia.
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